Continúo con esta sección dedicada a la mitología con otro de los mitos de la antigua Grecia. En este caso, hablaré de Perséfone, reina del mundo subterráneo. Perséfone era hija de Zeus y Démeter, diosa de la fertilidad. Un día, mientras vagaba por el campo recogiendo flores (narcisos o lirios, según la versión), su tío Hades, rey del inframundo, se enamoró de ella y la secuestró, llevándola consigo al Tártaro. Allí le ofreció una granada que Perséfone comió, quedando ligada para siempre al reino oscuro y convirtiéndose en su reina, junto a su esposo Hades. 
(Reencuentro de Perséfone y Démeter. Rubens)
El mito de Perséfone tiene diversos mensajes de una gran profundidad y belleza. Por un lado, es una bonita representación del ciclo de la naturaleza, con sus estaciones y sus distintos estados de ánimo: la belleza y alegría de la primavera, en la que la tierra se vuelve fértil, frente a la oscuridad y el frío del invierno. Pero por otro lado también representa la transición de la joven Perséfone, a través de su decisión de tomar la granada ofrecida por Hades, hacia su edad adulta, en la que descubre la parte más oscura de la vida. Además, Perséfone es la guardiana de los secretos de los muertos, pues pese a estar nueve meses en el reino de la luz le estaba prohibido desvelar secretos del Tártaro. Perséfone es un símbolo de la oscuridad, de ese lado desconocido y temido de la vida, pues su estancia en el Tártaro junto a Hades es un misterio.


